El Corazón O La Razón
Bonnie era una joven de 20 años que pertenecía a una familia de mucho dinero. Su padre era quien la mimaba muchísimo pero se había muerto algunos años atrás. Su madre era dominante y estricta.
La madre de Bonnie era bailarina de ballet profesional cuando era joven, se casó con el padre de Bonnie quien ya era dueño en ese momento de una empresa de mucho prestigio y dejó la carrera.
Al no poder cumplir su sueño de ser una mundialmente famosa bailarina de ballet ella misma, aferró sus esperanzas en su única hija, Bonnie, desde que ésta nació. La tenía entrenando día y noche, contratando instructoras costosas más ella misma que le instruía.
Bonnie creció cumpliendo los ideales de su madre obedientemente, aunque ella siempre supo que su pasión era por el arte, las pinturas y los dibujos, cosas que para su madre eran únicamente para vagabundos y pobres. Y nunca tuvo la oportunidad de aprender.
Lo único que ella podía pensar era que seguramente su madre tenía razón y que ella tenía que obedecer.
Un día en una reunión social que se hizo en casa de Bonnie, donde se reunían gente importante de la sociedad. La madre de Bonnie estaba atendiendo a un señor mayor y un joven, le hizo señas a Bonnie para que se acercara.
Bonnie, ven cariño. Te presento al dueño de Inversiones Villanova, el señor Vladimir y su hijo Ernesto. Ernesto es de tu edad. Creo que os llevaréis muy bien.
La madre de Bonnie y el señor Vladimir se apartaron y dejaron a solas a Bonnie y a Ernesto. Se quedaron conversando un rato. Se cayeron bien aunque no tenían mucho en común. Ernesto era una persona seria. Estaba muy concentrado en los negocios ayudando a su padre.
Después de la reunión, la madre de Bonnie le dijo, ¿Qué te pareció Ernesto?
Me parece una persona agradable, madre.
Me alegra que te cayera bien. siguió la madre de Bonnie, Estaba conversando con el padre de Ernesto. Piensa que ya a Ernesto le ha llegado la edad de formar una familia y le pareciste la pareja perfecta para su hijo. Pensamos en hacer una gran fiesta y anunciar su compromiso en un par de meses. Además le encantaste a Ernesto.
¿Compromiso? Madre. Bonnie no sabía qué decir. Le pareció descabellada la idea. Pero no se atrevía a contradecir a su madre.
Sí, hija mía. dijo la madre de Bonnie imponentemente, levantando la mirada, ¿Algún problema?
Bonnie agachó la cabeza y no protestó, Ninguno, madre.
Villanova es un buen partido, no te atrevas a alejarlos con tus tonterías. Unirte a su familia es lo mejor que te puede pasar.
No te preocupes, madre. No lo haré. dijo Bonnie obedientemente.
Los Villanovas siguieron visitando a Bonnie y a su madre en la mansión. Mantenían una buena relación, y aparentemente Bonnie y Ernesto se llevaban muy bien.
Ernesto era muy gentil y paciente con ella. Aunque ella apreciara mucho el gesto, no se sentía atraído por él, por más caballeroso y apuesto que éste podía ser. Simplemente no hubía química.
Pero Bonnie no decía nada ya que pensaba que lo que decidiera su madre era lo mejor para ella.
La gran fiesta de compromiso se celebró en casa de los Villanovas. Se anunció el compromiso de Bonnie y Ernesto. Los dos sonrientes brindaron con los invitados. Después Bonnie y Ernesto se fueron a caminar al jardín.
No te veo muy animada por nuestro compromiso. dijo Ernesto mientras caminaban entre los arbustos.
Nada de eso, Ernesto. dijo Bonnie, Por supuesto que estoy feliz.
Dime, la verdad. insistió Ernesto, ¿En verdad te quieres casar conmigo?
¿Qué pregunta es ésta? Ernesto. Después de ya haber anunciado nuestro compromiso. ¿Cómo puedes dudar? Bonnie evadía contestar la pregunta.
Es por tu madre, ¿cierto? preguntó Ernesto, Te está presionando a hacerlo.
Piensas de más. contestó Bonnie, Para nada. Es lo que debo hacer y yo lo sé.
Un día que Bonnie tenía clases en la universidad, como muchas otras veces, se quedaba fuera del estudio de pinturas a observar.
¿Por qué te quedas afuera? un chico apareció detrás de Bonnie, Pase adelante.
No, gracias. dijo Bonnie asustada sabiendo que no debía estar ahí, Ya me iba.
Que no te dé pena. Pasa. el chico insistió y la tomó de la mano llevándola hacia dentro, No es la primera vez que te quedas viendo desde afuera. Ya te había visto. Se ve que te interesa
Bonnie lo siguió.
Bienvenida a nuestro taller. Me llamo Jonathan. el chico le presentó al resto de los compañeros. Y preguntó, ¿Te gusta pintar?
Nunca lo he hecho. contestó Bonnie desubicada.
Ven y te enseño. dijo Jonathan.
Jonathan la sentó en una banca, frente a una mesa de dibujo. Le empezó enseñando a mezclar colores y hacer trazos en el papel. ¡Tienes talento! dijo Jonathan.
Por primera vez en la vida, Bonnie sintió su corazón latiendo a mil. Sintiendo el respirar de ese chico Jonathan a su oído, mientras éste le explicaba tomándole de la mano al enseñarle a pintar.
Bonnie sonrojada dijo, Ya me tengo que ir.
¿Te volveré a ver? dijo Jonathan al oído de Bonnie.
No
No lo sé. No sé si pueda. se levantó Bonnie y se fue.
Bonnie llegó a su casa. Sin decir una sola palabra, subió a su habitación. Su corazón siguió latiendo rápidamente. No sabía qué hacer, ella nunca había sentido eso que estaba sintiendo. Bonnie quedó acostada en su cama, no contestaba a la puerta y no habló con nadie en toda la tarde.
Al día siguiente, ella se acercó de nuevo al taller de pinturas. Pero no sabía si entrar. Estaba mirando la entrada desde la vuelta del edificio.
Hola, Jonathan apareció de nuevo detrás de ella. Veo que decidiste venir.
El corazón de Bonnie de nuevo empezó a latir rápidamente, sonrojada contestó, Ho
Hola.
Jonathan tenía a Bonnie muy de cerca, percibía su agradable aroma a frutas, le parecía tan bella con las mejillas rosadas. Su mirada no pudo más apartarse. Lo mismo le pasaba a Bonnie al hacer contacto con su mirada. Sintió que el resto del mundo dejó de existir, solamente Jonathan que estaba frente a ella y ella misma. No se escuchaba nada a su alrededor excepto el latido de su propio corazón que estaba incontrolable. Daba la sensación de que hasta Jonathan lo podía escuchar.
No hacían falta las palabras, se acercaron como imanes uno al otro y se besaron. Ninguno de los dos había sentido algo parecido nunca antes. Era como si flotaran en las nubes, como si nada más importara.
Bonnie estaba muy confundida, ella nunca había sentido algo así antes por nadie, como lo que ella sentía en ese momento por Jonathan. No sabía qué hacer.
Un par de días después en la noche llegaron los Villanovas a la casa de visita. Después de la cena. Como de costumbre, Bonnie y Ernesto se fueron a dar una caminata por el jardín.
Te veo muy pensativa. dijo Ernesto, Algo te pasa.
Bonnie se quedaba callada. No decía nada.
Cuéntame. Sabes que puedes confiar en mí. afirmó Ernesto.
Sí, lo sé. Pero no es algo que te pueda contar. Quisiera pero no puedo. contestó Bonnie.
Bonnie, quisiera decirte algo.
Dime.
¿Qué te parece si cancelamos nuestro compromiso?
¿De qué me hablas? ¿Por qué lo dices?
No lo tomes a mal. Sabes lo mucho que te quiero. Pero veo que no eres feliz conmigo.
Bonnie no contestó, solamente lo miraba fijamente.
Tu corazón no esta conmigo, al igual que el ballet. Tampoco es algo que te gusta. Y quiero que seas feliz, al menos en lo que me sea posible ayudarte.
¿Por qué haces esto? ¿Renuncias a lo que sientes por mí?
Si es lo que te hace feliz, sí. dijo Ernesto. Eres una mujer libre. El resto depende de ti para que puedas ser feliz.
Ernesto acompañó a Bonnie entrar a la casa, a la sala de estar donde se encontraban ambos padres.
¡Qué bien que los encuentro! Tengo que decirles algo, a los dos. anunció Ernesto.
¿Qué pasa? Hijo. contestó don Vladimir.
Querido padre, tan estimada señora, Bonnie y yo hemos decidimos cancelar nuestro compromiso.
Don Vladimir se levantó de furia y la madre de Bonnie cubrió la boca con la mano al dejar salir un grito.
¿Pero por qué? preguntó don Vladimir.
¿Qué ha pasado? preguntó la madre de Bonnie alterada, ¿Qué es lo que hiciste? Bonnie.
Te pido por favor que no la culpes, señora. No fue por nada que haya hecho ella ni tampoco yo. Fue por mutuo acuerdo. dijo Ernesto, y luego se dirigió a su padre, Padre, creo que ya es hora de retirarnos.
Se fueron los Villanovas.
Bonnie, me puedes explicar qué es lo que ha pasado. le gritó la señora.
Bonnie se armó de valor y respiró profundo, mientras buscaba palabras a ver cómo decirle las cosas a su madre.
Contéstame, Bonnie, antes de que pierda la poca paciencia que me queda.
Mamá, sólo quiero ser feliz.
¿A caso no eres feliz? dijo la madre de Bonnie, Desde que naciste se te ha concedido todo. No te hace falta nada. ¿Cómo puedes ser tan malagradecida?
Pero no es la vida que yo he querido. Madre, no me gusta el ballet. dijo Bonnie, Y tampoco me quiero casar todavía. No amo a Ernesto aunque él es muy generoso y amable pero no lo amo.
¿Y quién te ha pedido que lo amara? contestó la madre de Bonnie. Es lo que te conviene, y es lo que nos conviene a la familia. Es lo correcto y algo que tienes que hacer.
Madre, lo correcto era que te obedeciera. Pero si eso significa renunciar a mi vida, a mi felicidad, no estoy dispuesta a hacerlo. dijo Bonnie y se acercó a su madre. Mamá, ¿recuerdas lo enamorada que estabas de papá cuando te casaste con él? ¿Recuerdas tu pasión hacia el ballet cuando eras joven? Yo quiero sentir esa pasión también pero por las cosas que a mí me gustan, por mi propia vida, no por la tuya. Creo que tengo derecho a ser feliz. ¿Recuerdas cuando me tuvisteis papá y tú? ¿A caso no trajisteis una niña al mundo para hacer todo lo posible para que sea feliz? Mamá, piénsalo.
La madre de Bonnie se quedó callada, empezó a llorar. Al ratito dijo, Perdóname, hija. Tienes razón. Hice mal al querer que tú cargaras la vida que yo no pude tener. Perdóname por favor.
Bonnie y su mamá se abrazaron.
Bonnie dejó las clases de ballet. Y empezó con sus nuevas clases de pintura y siguió viéndose con Jonathan con consentimiento de su madre.













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